Cambio… Change… Mudança…

¡Por fin estoy de vuelta!!! Si, me perdí más de la cuenta… Y, aunque nobleza obligaría a pedir disculpas; la verdad es que a veces las ausencias -no definitivas- son necesarias. Son esas ausencias de reflexión, de introspección, de crecimiento y de cambio. 

Desde que modifiqué la manera de alimentarme, mi vida se ha convertido en un permanente camino de transformación; y a pesar de que algunas “mudas” han sido dolorosas: estoy agradecida por cada una de las cosas que he aprendido.

Hay algo muy curioso en esto de volverse veggie: cuando las personas se enteran de que empezaste a comer  “tan distinto” [así es como parecen verlo] lo primero que te preguntan es si no fue complicado cambiar. Casi todas las preguntas se refieren a si te sentís más débil; o les preocupa saber si no extrañás la carne o la leche; o bien preguntas sobre proteínas, obtención de calcio, minerales y vitaminias varias. De hecho, en confidencia, les comento que a algunas personas les preocupa si una dieta sin productos animales te reduce la libido 😛 …

mariposa-oruga-2Son todas preguntas legítimas y válidas. El cambio físico, si bien es importante, no creo que sea el más significativo. Como les he contado antes, yo recuperé mi salud y bajé 12 kilos. No sólo no me sentí más débil, sino que mi cuerpo recuperó vitalidad, tonicidad muscular, comencé a sentirme más llena de energía. En cuestiones de ego femenino: mi pelo se fortaleció, las uñas dejaron de quebrarse y mi piel recuperó elasticidad.

No extraño ningún producto animal, por el sencillo hecho de que el paladar aprende de sabores sutiles y tus gustos cambian; y sin ninguna duda obtengo todos los minerales y vitaminas que me hacen falta en productos vegetales.

Ahora sobre la pregunta que me hicieron algunas personas: No, definitivamente no. 

En realidad, lo sorprendente es que nadie te pregunta por “los otros cambios”. Sí, hay otros: más profundos; quizás más sutiles… O más brutales, dependiendo desde el punto de vista que se lo mire.

Personalmente, para mí, el primero fue acostumbrarme a una sensibilidad a flor de piel; si antes había cosas que me preocupaban o me molestaban, ahora me golpeaban como un vendaval: en el medio del pecho. Tomaba conciencia y me quedaba con una mezcla de sublevación y dolor en el alma, sin saber muy bien cómo manejar esas sensaciones.

De a poco las impresiones fueron asentándose y formando parte de mí; y  en ese preciso momento este recorrido fantástico que es la vida comienza a cambiar de colores.

Las ganas de explorar, de ver, de apreciar, comienzan a tomar dos direcciones simultáneas: por un lado hacia un encuentro con uno mismo; y por el otro hacia nuevas formas de relacionarse con lo que te rodea. 

Volverse hacia uno mismo no siempre es un campo de orégano; más bien se parece a comenzar una caminata con demasiado peso en la mochila, y en las sucesivas paradas darse cuenta de que estás llevando cosas que no tienen que ver con vos, o que no te sirven. La jornada hacia uno mismo se trata de despojarse de aquello que no es parte de tu esencia. 

imagen-mariposaAsí, sin darte cuenta, el viaje se vuelve una muda: mudar de un estado a otro, transformándose en algo distinto… que indefectiblemente va a impactar sobre el modo en que nos relacionamos con el mundo. 

Y es probable que un día, luego de una de estas tantas “mudanzas”, te des cuenta de que no sos el mismo; o alguien ya no te reconozca. Es probable que entonces sea momento de mudar algún otro aspecto de tu vida… 

Creo que es ahí donde tomás conciencia de estos cambios más profundos y seguramente no tan sutiles. Es cuando uno puede apreciar ciertos correlatos: al cambiar la alimentación,  no sólo no me sentí más débil y obtuve fuerza física; sino que además: gané fortaleza, de esa que no puede medirse en términos  de masa muscular. 

Cambiar es siempre una aventura. No hay que perderse la oportunidad de vivirla. Escribir este blog es parte de esa aventura, descubrir esta alquimia de la cocina es parte de esa muda. 

Y, por todo esto, estoy agradecida.

Y también por estar de vuelta: fortalecida. 

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